¡Crisis de los 30!

¿Alguna vez se han despertado con una energía arrolladora? ¿te ha embargado esas ganas de comerte al mundo y cumplir con todos tus sueños, sin siquiera pensar en obstáculos o limitaciones? Justo así me he levantado hoy, sin embargo, ayer sentía un gran peso en mi cuerpo y en mi mente, de tal magnitud que sería capaz de hundir nuevamente al Titanic.

Hace dos años pensaba que me ocurría sólo a mi, incluso pensé que esos cambios de humor eran resultado de algún tipo de trastorno de personalidad (really!), hasta que después de un tiempo, al conversar con amigos, me percaté que ellos también pasaban por estas “crisis momentáneas”. Esas crisis que se generan al contrastar nuestras expectativas con la realidad.

Al parecer los denominados millennials si somos tan llorones como señalan…

¡Hey, aguarden! Llorones, pero con muchos “cojones”, tal dirían los españoles.

Si bien los planteamientos iniciales eran tener casa propia a los 30, emprender o trabajar en una empresa tipo “Google”, haber sido parte de la solución de algún problema global, ser un influencer reconocido, hablar 5 idiomas, “etc”, “etc”, “etc”, la verdad es que sólo para resumir, al menos en mi caso, vivo arrendada, le debo la vida a un banco, de ser vegana sólo tengo la intención, no llego a los 600 seguidores en IG y mi inglés, en definitiva, debe mejorar.

Sin embargo, esa realidad, que alguna veces desespera, es más fantástica de lo que creemos. Sólo hay que prestar más atención. Por acá les dejo mi caso y espero que les sirva, para poder darse cuenta de que cuando eres un soñador resiliente, vas creando una realidad más especial de la que imaginaste.

Migré hace aproximadamente 3 años, con mi novio, quien ha sido mi mayor apoyo en las buenas y en las malas, y ni siquiera tuvo que prometerlo en un altar. Contrario al estereotipo latino, cocina, lava y plancha y estima que los “quehaceres ” del hogar, son responsabilidad de ambos.

Soy de profesión contadora, pese a que siempre quise ser comunicadora social, sin embargo, al llegar a un nuevo país debes considerar cualquier trabajo, así que inicié como recepcionista de un restaurante. Lavé pisos, baños y demás, y pues no, nunca me sentí como una víctima, de hecho ese trabajo me generó muchas satisfacciones: conocí a gente maravillosa, formé una cartera de contactos, comí delicioso y me permitió adaptarme rápidamente a mi nuevo entorno.

Después de casi un año conseguí empleo en mi área. Inicialmente me contrataron para la parte financiera, no obstante, desde el día 1 trabajé en actividades completamente diferentes. No les niego que pasé por una etapa de frustración y rabia, aunque al cabo de unos meses, me asignaron una nueva responsabilidad, algo completamente nuevo y, sorpresivamente, más cercano a mi sueño de ser periodista.

Me enfoqué en ser y hacer lo que quiero, por lo que en pocos días iniciaré mi estudios en periodismo, y pues si, tengo deudas, aun no tengo propiedades que puedan representar un patrimonio y, siendo honesta, hay días en los que entro en un pánico enceguecedor, pero eso no frustra mis ganas de crecer y seguir soñando, porque de algo debemos estar seguros, vinimos a ser felices.

Seamos conscientes de que esa crisis se irá y, finalmente, ayudará a que los días como hoy, de energía arrolladora, sean aun mejores.


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¡Vamos!

La rutina se ha vuelto la homicida de nuestros sueños. Cada día nos alejamos más de quienes queríamos ser, sin embargo, en esos momentos en que nuestra mente se despeja del día a día, nos torturamos anhelando ese futuro que nos planteamos inicialmente, aunque las acciones van en dirección contraria a ellos.

Culpamos a las responsabilidades, a los políticos, a las religiones, a nuestros padres por no haber hecho más por nosotros e, incluso, por haber hecho más de lo debido.
Simplemente somos esclavos de ese deseo, al sehnsucht, que, contrariamente a lo esperado, no nos ha hecho felices, nos ha vuelto adultos insatisfechos.

Pero hoy es domingo, podríamos ir a arreglar el vestuario para mañana o terminar labores del hogar, pero un grito ahogado nos pide que nos detengamos. No importa edad, peso, género, ni cualquier otra excusa en la que nos justifiquemos; por esta vez, solo enfoquémonos en quienes somos y lo que queremos.

La frase de que “cada día es una nueva oportunidad” puede sonar forzada y trillada, y en cierta medida lo es, aunque no podemos rebatir que efectivamente es un hecho. Ese momento en el que abrimos los ojos ante nuevo día, iniciamos un viaje que sólo nosotros somos capaces de dirigir.

El hoy es ese momento exacto en que mente y cuerpo se alinean para crear, para desarrollar, para lograr. Apartemos las inseguridades y comprometámonos con nuestro propósito en esta vida: ser feliz.

Los sueños son energía, y la energía no se destruye, se transforma. Basta de compararnos con los demás, nuestro camino es único y si hay obstáculos, sólo están allí para fortalecernos y para superarlos.

Podemos ser artistas, conserjes, meseros, estilistas, contadores, empresarios, emprendedores, músicos, lo que soñemos, lo que queramos, lo que nos enfoquemos en hacer y ser. No se trata de creer en utopías, se trata de recuperar la pasión, de dirigir nuestra energía en lo que nos motiva, en dejar de recrear dramas y vivir en nuestro propio género cinematográfico.

Vamos a salir de la zona de confort, de esa área de la que nos quejamos diariamente, no obstante, de la que nos da terror salir. Si bien podemos perder muchas batallas, lo importante es levantarnos y seguir; cuando hacemos los que nos gusta, hasta el trayecto más complejo vale la pena.

Vamos a ser los protagonistas de nuestras vidas y hagamos realidad esos sueños, nos tildarán de ilusos y hasta de lunáticos, pero no te aflijas, total, como bien lo expresa el refrán de “músico, poeta y loco, todos tenemos un poco”…

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